domingo, 10 de enero de 2016

Acordaos del Olvido

¿Qué es lo que tiene el conocimiento que la humanidad lo ha buscado desde tiempos inmemorables? Lo que tiene el conocimiento es el conocimiento en sí mismo. Sabiduría, certeza, verdades y evidencias. Evocar. Eso es lo que queremos.

Pero el cosmos es dual. No puede haber un Todo sin la Nada, el ying sin el yang, presencia sin ausencia, positivo sin negativo, principio sin final, vida sin muerte, existencia sin inexistencia, conocimiento sin ignorancia. Existimos. Somos. Estamos vivos. Y lo sabemos. Es ese mismo conocimiento el que nos revela que hay una parte contraria. Extinción, muerte e ignorancia. Los seres vivientes luchan por mantenerse vivos. Los seres sapientes luchan por mantenerse sabios.

Conocer es el equivalente espiritual a ser. Decimos espiritual, porque que el conocimiento no tiene nada que ver con lo mental, pues la mente está ligada al cerebro físico, puede morir. Un espíritu no puede morir, el conocimiento puede seguir vivo incluso después de la extinción de la mente que lo creó. Sin embargo no hay eternidad sin momento. La dualidad funciona así. Y el momento del espíritu llega con el olvido. El olvido. El olvido. El fin en sí mismo. El vacío. La no existencia. No sólo la ausencia de presente y futuro, sino también la ausencia de pasado. Acordaos del olvido, porque el olvido hará que no se acuerden de vosotros. No hay peor muerte que ser olvidado. Aún vivos y existentes, el olvido os hará desaparecer como si nunca hubierais estado ahí.

Conocer es vivir. Quien controle el conocimiento controlará la vida. Poder de dioses al alcance de la humanidad. Ignorancia, duda, mentiras y secretos. Olvido. No queremos nada de eso.

miércoles, 6 de enero de 2016

El Gran Despertar

Me llevó quince semanas aprender a distinguir un bolígrafo de cualquier otro objeto que se le pareciera. Ahora los encuentro apasionantes. Los fabrican de los más variados aspectos, pero todos albergan cuatro o cinco elementos en común que los convierten en lo que son. Me enfado mucho cuando se agota la tinta o simplemente dejan de escribir. Esos momentos son terribles, pero me lleno de ilusión cuando me traen uno nuevo. Lo miro un segundo ansioso para disfrutar de ese momento y busco con la mirada desencajada un papel para lanzarme a escribir, ¿de qué color será la tinta?

Mucho más duro fue aprender a coger el bolígrafo para escribir. Las manos no obedecían, los dedos se engarrotaban, parecían amontonarse a un lado, el bolígrafo salía por los aires. Quebré 6 bolígrafos a lo largo de un mes, manché de tinta 2 batas blancas. Sobre todo era frustrante porque al principio no entendía para qué servía y sostener el bolígrafo resultaba doloroso.

Sostener el papel delante de uno, sentarse correctamente, mantener la postura adecuada para no hacerse daño. La punta del bolígrafo, ese último átomo apoyado sobre el papel, se convertía en el núcleo de un universo que dependía de una grandísima disciplina para que se mantuviera girando sin estallar por los aires.

Aprender a escribir me llevó dos años, pero no fue nada comparado con la dificultad de entender lo que eran las palabras para escoger las correctas. Quince años tardé en conseguir acabar mi primera obra escrita. Y quizás me apresuré. La responsabilidad era enorme. Dediqué diez años a la exploración.

Finalmente escribí

Árbol


Quedé muy orgulloso. Pese a la preparación puedo decir que prácticamente se escribió sola. La importancia vital de la obra caló en la sociedad a prisa. Al principio fue, como pueden imaginar, un jarro de agua fría para todos, pero rápidamente empezó a fluir y a cambiarlo todo según llegaba a más y más sectores. Hoy puedo decir felizmente, que mi equipo y yo salvamos el mundo una vez más. 

el hospital

En junio de 2015 pasé tres semanas en un hospital mental en Múnich. Mi ingreso ocurrió tras años de estar palante y patrás entre la depresión y la manía (bicoño represents).

Cuando llegué, no sabía qué tipo de estación psiquiátrica me iban a asignar. Pensaba que compartiría espacio con gente que tenía trastornos o síntomas similares a los míos. Resultó que me equivocaba. En realidad, cada hospital mental tiene sus procesos administrativos, y sí mezclan gente con trastornos, medicaciones y terapias diferentes. El factor decisivo a la hora de enviar un paciente a una estación es la severidad de los síntomas de cada paciente, y si necesita un diagnóstico. La mía era para gente con síntomas críticos. La estación C2 estaba cerrada, y tanto los pacientes como las visitas tenían que tocar un timbre para entrar y salir. La mayoría de los pacientes no podían salir, otros podían salir acompañados, y unos pocos podían salir solos. Yo nunca accedí a un ingreso total, eso significa que yo pasaba el día allí y me iba a casa a dormir.

Recuerdo mi primer día allí como si hubiera sido ayer. Cuando llegué una enfermera me enseñó la estación, me explicó las cosas que podía hacer para pasar el tiempo. Le dije que mi intención era estudiar todo lo que pudiera para los exámenes, con lo cual no tendría tanto tiempo para los talleres y terapias. Recuerdo que me sentía intranquilo, y no sabía cómo actuar alrededor de la gente de la estación. Había gente joven con aspecto de estar teniendo problemas parecidos a los míos. También había adultos y gente mayor. Dos señoras mayores me llamaron la atención desde el principió, una de ellas no paraba de mirarme fijamente y recuerdo que pensé que podría tener esquizofrenia (yo no tenía ni idea de nada relacionado con la salud mental por aquel entonces), pero después de un rato la vi intentando ser útil, ponía una fuente de fruta encima de la mesa, la devolvía a la estantería, abriendo y cerrando puertas, limpiando mesas y cosas así. También me di cuenta de que solía quitarse los zapatos y frotarse los pies, como masajeándolos. Después se iba a seguir deambulando descalza y dejaba los zapatos al lado de una silla. La estructura de sus huesos del pie estaba muy dañada, y entendí que los zapatos le hacían daño. Las enfermeras no paraban de decirle que se los había olvidado y que se los pusiera, creo que no se daban cuenta de que no se le olvidaban, es que no quería llevarlos puestos.

Desde el principio, me sentía mal por aquella señora. Transmitía mucha dulzura, y no hizo me falta estar allí mucho tiempo para darme cuenta de lo sola que estaba, nadie la visitaba, nunca. Nadie visitaba a la mayoría de la gente que estaba allí encerrada. Recuerdo que eso me hacía sentir muchísima rabia y resentimiento contra el mundo, era injusto que nadie fuera de allí supiese acerca de nosotros, los que estábamos encerrados dentro. Con el tiempo tuve la oportunidad de aprender más cosas sobre aquella señora, aprendí cosas sobre casi todos. La señora se llamaba Frau Cerny. Me daba rabia que los alemanes NECESITEN dirigirse a las personas por "Don o Doña X". Parece que necesitan establecer una distancia fija para sentirse cómodos en una conversación. No paré de pedirle a la gente que me llamase por mi nombre, perono hubo manera. Les daba mucho miedo, al parecer.
Por esa razón, nunca supe el nombre de Frau Cerny, aunque llegué a saber otras cosas. Había venido de Eslovaquia hace muchos años, no recordaba por qué emigró, probablemente tuvo que ver con las crisis de la Unión Soviética. Nunca le pregunté si tenía familia, me daba miedo herir sus sentimientos.

Muchas veces venía y se sentaba cerca de mí mientras yo estudiaba, y yo le llevaba café. Le gustaba que la gente le hablara. A veces me miraba dudosa antes de sentarse conmigo, no quería molestarme. Cuando la veía dudar, la invitaba a sentarse y hablaba un poquito con ella.

También le gustaba cuidar de otra señora mayor que estaba en peores condiciones que ella. No recuerdo su nombre, era complicado, la señora era búlgara. Todo lo que sé sobre ella es que estaba triste la mayor parte del tiempo, deambulando  murmurando, llorando. A veces abrazada a gente, cuando tenía impulsos repentinos de cariño. Entonces decía cosas como que estaba muy agradecida por las enfermeras y los médicos que la cuidaban. A Frau Cerny le gustaba consolarla y pasearla por los pasillos. Una vez las invité a sentarse conmigo y les pregunté que si necesitaban algo. Lo único que dijo Frau Cerny fue "compañía". Me partió el alma. Quería hacer algo por ellas, y sabía que nunca iba a poder. Sólo podía comportarme bien con ellas durante mi tiempo allí.

Mis padres y mis amigos no paraban de decirme que estar allí me iba a hacer sentir peor, estando alrededor de gente que estaba igual o peor que yo. Nunca compartí su opinión. Yo lo veía diferente, me puso en perspectiva; mis problemas parecían tan pequeños con los de alguna gente allí... A pesar de mi infierno interno, yo aún tenía esperanza y sabía que las cosas empezarían a ir bien en algún momento. También sabía que el resto de la gente joven allí tenía bastantes posibilidades. Pero aquellas dos señoras, parecían tan débiles, solas y sin esperanza... No era justo.

Conocí a Goran uno de mis primeros días allí. Se acercó a hablarme como hacía con todo el mundo. Yo ya lo había observado antes, el primer día lo vi el primer día hablándole a otra chica, intentando que se sintiese cómoda (ella era nueva, como yo). Fue muy simpático con ella, le habló en su mal inglés, ella era de Ecuador y no hablaba alemán. Una de las primeras veces que hablé con Goran, le pregunté la razón por la que estaba allí. El se puso triste, pero me lo contó igualmente: su familia se exilió durante la guerra de los Balcanes después de que la madre de Goran muriese en la explosión de una granada. Goran nunca lo superó, y todavía sigue teniendo flash backs que le hacen chasquear los dedos, cubrirse el estómago o la cara, cosas así. En los días oscuros, quería que la gente le hablase para distraerse, la expresión de su cara cambiaba, estaba constantemente asustado. Una vez me preguntó si Leslie, la chica de Ecuador, estaba bien: no la había visto por la mañana y pensaba que le había pasado algo malo. Le dije que no pasaba nada y que seguro que había sido una coincidencia, Pero yo seguía viendo el miedo en sus ojos, y me daba cuenta de que toda su vida había arrastrado una carga sólo porque de niño había vivido una guerra. Me sentí impotente. De nuevo, tenía que aceptar que no podía hacer nada por él. Y me enfadé, porque nadie sabía nada sobre Goran; porque el tenía que pasar los días encerrado en un hospital, como el resto de nosotros. Porque no iba a poder tener hijos o pasear a su perro o sacar la basura o quedarse dormido viendo una película en casa. Su novia también era víctima de la misma guerra, ella lo llevaba mejor. Lo visitaba todos los días y daban un paseo, lo cual me alegraba bastante. El padre de Goran vivía lejos, pero lo visitó una vez durante mi estancia allí. Era un hombre alegre y bondadoso que hacía bromas y era simpático con todo el mundo allí, como Goran. Goran tenía suerte, podía contar con gente que lo apoyaba. Por una vez, me alegré por él.

Había otra señora bosnia, más mayor. También pensé que era esquizofrénica (era mi idea de comportamiento extraño). Solían encerrarla en su habitación cuando estaba fuera de control. Entonces intentaba saltar por su ventana sin conseguirlo. Cuando se sentía mejor, a veces me hablaba. Yo me sentaba con ella y Goran con mi portátil. Ella estaba siempre muy atontada, seguramente por las pastillas, pero era muy dulce y bien intencionada. Una vez me dijo que yo era la que mejores oportunidades que tenía allí, porque soy joven, estudio, soy responsable y no tengo una familia de la que encargarme. Tanto ella como Goran me preguntaban a diario cómo iban mis exámenes, se preocupaban por mí. Su hija la visitaba casi todos los días con su marido. El día que me fui, pasé por su habitación para despedirme y su cara brilló cuando supo que me iba. Me abrazó y me deseó lo mejor. Espero que le vaya bien.

Fátima era una señora turca, muy pequeñita. También intentaba ser útil y ayudar a las enfermeras. El primer día que la vi, la escuché contándole a Leslie que le iban a hacer electroshock, y pensé que estaba delirando, el electroshock era ilegal. Fátima no deliraba, y el electroshock sigue siendo legal. Al día siguiente se sentó no muy lejos de mí mientras yo estudiaba. Estaba llorando y no pude evitarlo, me acerqué a hablar con ella. Le pregunté que si no se sentía bien, y me dijo que no, y yo le dije que yo tampoco. Me abrazó y me dio un beso, y me preguntó si mi madre estaba viva. La suya no lo estaba Me contó muchas cosas sobre su vida; siempre tenía el teléfono en la mano, estaba esperando la llamada de su hijo. Su hijo nunca la llamaba ni la visitaba, y Fátima sufría cada día al darse cuenta de que no iba a llamar, y tampoco iba a ir a verla. Su hermana sí la visitaba de vez en cuando, me daban tarta y fruta. Aprendí que Fátima era una mujer que creía firmemente en la familia. Creía que la familia es parte de nosotros, y que los llevamos en el corazón a lo largo de nuestra vida. Su marido la trataba mal, y la dejó hace mucho tiempo, y ella estaba totalmente segura de que su hijo había aprendido los valores equivocado en Alemania, por eso era tan distante, frío y egoísta.

Eduardo un era profesor de salsa de Chile, también enseñaba en la Universidad. Estaba deprimido, pero tenía muy buena actitud. Nos llevamos bien desde el principio, ambos éramos hablantes de español y nos gustaba leer, compartíamos historias, hablábamos de nuestros problemas. Un día estábamos viendo vídeos de sus clases de salsa y Goran, que estaba en uno de sus días oscuros, se interesó. La cosa acabó en una clase de salsa improvisada, Goran era malísimo, pero todo el mundo en la sala se acercó y todos lo pasamos bien en quién sabe cuánto tiempo.

Conocí a todo tipo de gente en aquel hospital. Podría hablar de Jennifer, Magdalene, Julia, Leslie, y otra gente cuyos nombres ya he olvidado.

En cuanto a mí, hice lo mejor que pude para aprender de la experiencia, en lugar de autocompadecerme y de evitar contacto y compañerismo con los de mi alrededor. Funcionó. Empezar con la medicación, por supuesto, fue una mierda. No es divertido ser diagnosticado, entender lo que significa, contárselo a la gente en tu vida, darte cuenta del estigma de la salud mental, entenderse a uno mismo. Empezar a tomar pastillas a la misma hora todos los días, a tener esperanza y pensar que van a funcionar, y a decepcionarse porque no sólo no funcionan inmediatamente, sino que además el cuerpo reacciona a los químicos y tus emociones y reacciones son un desastre. Fui todo lo paciente que pude ser. Fue muy difícil trazar la línea entre emociones normales, y lo que pasaba en mi cabeza. Aunque me estaba esforzando, no podía evitar ser una mierdosa con la gente a mi alrededor, sólo para terminar arrepintiéndome más tarde. De alguna forma, aprobé los exámenes y me gradué. No tengo ni idea de cómo lo hice. La cagué de muchas formas, y la sigo cagando de vez en cuando, aunque no de forma tan extrema ni tan frecuente, y practico diferentes formas de lidiar con mi experiencia diaria.

No estoy seguro de muchas cosas, pero estoy seguro de que no se me van a olvidar Frau Cerny, Goran, Leslie, the Bosnian lady, the Bulgarian lady, Eduardo, Fatima, Jennifer, Magdalene. Todos tuvieron impacto en mi vida, me vieron sufrir y yo los vi sufrir a ellos. Todos estábamos enfadados, sintiendo dolor, delíricos... Y aún así fuimos capaces de ser generosos, cálidos y simpáticos los unos con los otros. Todos abrazábamos a la señora búlgara cuado quería abrazarnos, a pesar de que tenía un aspecto y un olor raros. Me pregunto cuántos de nosotros la abrazaríamos aquí fuera. Mi estancia en el hospital psiquiátrico fue la experiencia más humana de mi vida, y no fue gracias a los médicos y las enfermeras, sino gracias a nosotros, los pacientes.
 

sábado, 2 de enero de 2016

qué es bicoño?

Bicoño es más o menos lo que ha marcado el ritmo de mi vida los últimos 7 años, si mal no recuerdo. Seguramente habrá indicios más tempranos, pero ahí no me voy a meter.

Cuando bicoño quería, me pasaba unos cuantos meses muy creativo, con mil ideas en la cabeza en las que no podía concentrarme. Andaba siempre con un humor eufórico y muy alegre, hablaba mucho, y le gustaba a la gente, porque era muy simpático. Al ver ¨mi¨ efecto en la gente, empezaban los pensamientos grandilocuentes y la sensación de ser capaz de todo.

Mi cuerpo dejaba de necesitar dormir y comer, y yo necesitaba estar haciendo cosas constantemente. Daba igual lo que fuera, todo parecía buena idea, y si se trataba de algo peligroso e imprudente, mejor. Mi pensamiento era delírico, había encontrado la verdad, yo estaba en el mundo por una razón muy específica, muchas canciones parecían hablar de mi vida e incluso ir dirigidas a mí... todo eso. Era muy fácil encontrar una conexión constante entre todo a mi alrededor.

Con el tiempo, los efectos de esta energía constante empezaban a tener efectos negativos, que bicoño no me dejaba ver... Cada vez que bicoño quería que estuviese así, estos comportamientos se volvían más exagerados, más obsesivos, más maníacos. Para que os hagáis una idea, la última vez decidí que me mudaba a Nueva Zelanda (así de repente, sin más), y casi lo llevo acabo. Hay mil ejemplos como este.

Mis amigos, mi pareja, mi familia, ellos fueron los primeros en empezar a notar que algo pasaba. No era tan difícil, la verdad. En cuanto alguno se atrevía a hacer cualquier comentario sobre mi comportamiento, se arrepentían. Mi respuesta era puramente agresiva, perdía el control y siempre acababa diciendo o haciendo cosas de las que luego me arrepentía. Mi pareja fue la que más sufrió con esto. Dado que ella prefiere que yo no revele su identidad, su nombre en el blog será Amy, de Amy Winehouse -Amy también era bicoño y es una de esas que tenía una conexión profunda con mi alma. En cualquier caso, sigo sin superar lo suyo, es como que todos sabíamos que iba a pasar, pero nadie hizo nada. Rest in peace.-. Amy las pasó putas. No voy a entrar en detalles sórdidos, pero se las hice pasar putas, y ella nunca me culpó, bendita sea.

Por otra parte, cuando bicoño quería, yo era un desastre de otro tipo, mucho más oscuro. Me convertía en todo lo contrario a lo anterior. Cuando conseguía salir de la cama, me costaba hacer cualquier cosa, y cuando digo cualquier cosa, hablo de vestirme, ducharme, lavar los platos, comer... Cualquier cosa que no fuese estar en la cama atormentándome sin poder remediarlo. Concentrarme no era una opción, hablar con gente, escucharles, intentar buscar algo que decir o encontrar las palabras con las que decirlo... todo era difícil. Cada instante era amargo, y cada paso cuesta arriba. La última vez que bicoño me hizo estar así, también empecé a sentir paranoia y miedo. Mis amigos me odiaban, hablaban mal de mí y me evitaban, y yo lo sabía.

Mi energía, mi comportamiento, mi presencia, estaban arruinándole la vida a Amy, no entendía como podía quedarse a mi lado y cuidar de mí... De mantenerme a flote. Si no hubiese estado ahí, creo que puedo decir con total seguridad que yo no estaría vivo.

También pensaba que la gente quería hacerme daño y no soportaba tenerme alrededor. Todo me daba miedo y yo sabía que nada iba a cambiar, nunca. Me limitaba a esperar a que Amy se cansase, me dejase solo, y todo se derrumbase a mi alrededor. Quería morirme. Prefería morirme a vivir así.

Supongo que por instinto y por agarrarme a un clavo ardiendo, tuve un impulso, y pedí ayuda, y después vinieron los diagnósticos, las semanas en el hospital, los tratamientos.

Yo pensaba que la montaña rusa iba a acabar al pedir ayuda, pero nada más lejos de la realidad. Lo que pasó en realidad fue que cambié de montaña rusa, la nueva iba un poquito más rápido y me ponía más veces boca abajo, pero también me mantenía fija al asiento, más que la anterior. También hay que decir que después de unos meses, la montaña rusa nueva deceleró un poco y era más agradable, poco a poco se convirtió en un camino, más que una montaña rusa.

El camino no era apacible ni seguro, pero era un camino, y aunque yo no llevase zapatos ni mochila, no parecía tener otra opción, mirar atrás era volver a la primera montaña rusa. Entonces tuve que empezar a andar.
Después de unos meses, las heridas de los pies han disminuido y los tengo más duros, aunque aún sucios. Espero poder hacerme unos zapatos pronto, pero todo a su tiempo.

De momento, el camino no ha sido terrible, sólo se ha puesto difícil de vez en cuando. No suele llegar a los niveles de las montañas rusas, y yo procuro mantener los pies firmes en la tierra. La gente no me da tanto miedo, ni mis amigos me odian, aunque a veces si que parecen un poco hartos, y yo también me harto, y me retiro unos días.

No sé qué más va a haber, y poco a poco he ido separándome de la necesidad de saber qué va a venir, y si voy a estar bien, porque me he dado cuenta de que solo puedo dar los pasos que estoy dando en este momento.

Ya veremos cómo va la cosa, no?




jueves, 31 de diciembre de 2015

Ya empezamos

Aquí estamos, las de siempre y las de nunca, locas del coño, dios las cría y ellas se juntan.

Las de la complejidad emocional y los trastornos y los dramas y las histerias, que de vez en cuando también son capaces de mantenerse en pie cuando todo se desmorona a su alrededor.

Todas somos bicoño.

Personalmente, hasta que llegó mi momento Quetiapina, ni si quiera tenía nada claro. Que no es que ahora lo tenga, pero ahora por lo menos empiezo a entender cómo va lo del bicoño, os podéis imaginar como era antes.

Antes del momento Quetiapina no me enteraba de nada y me dejaba llevar por lo que quisiera el bicoño, ahora me sigo dejando llevar, aunque no hasta extremos abismales, y siendo consciente de ello. No está tan mal.

Si luego hasta nos echamos unas risas.

Desde que Eli O. me reclutó años ha, he dado muchas vueltas por el mundo, como tantos otros. En mi caso fue en montaña rusa. Eli y yo seguíamos en contacto, por suerte, muchas veces manteniéndonos a flote dándonos una hostia el uno al otro. puf. También creo que debería darle crédito a Eli por ayudarme a no atardecer, si no llega a ser por ella, quién sabe.

Durante mucho tiempo no estuvo el horno pa bollos. Curiosamente eso me enseñó mucho. Es menester darse cuenta de eso, que el horno sea un horno no quiere decir que siempre vaya a darnos bollos, no?

Pues eso. La verdad es que cuando empecé a pensar en el blog, lo primero que se me pasó por la cabeza fue hablar del bicoño, de mi momento Quetiapina y todo eso. Todo eso vendrá próximamente, ahora parece que lo que toca es presentarme, no? Yo que sé.

La idea es que vengamos aquí a explayarnos y a hacernos oír, pero suena mejor si digo que es el intercambio puro de flujo consciente. Entonces, os invitamos (aún no sé ni quién cojones sóis) a parar por aquí, a compartirnos si creéis que merece la pena, con suerte los antiguos miembros del manifiesto 19 salen de entre las sombras. Menudas son.

La verdad es que me encantaría prometer un montón de flujo consciente por mi parte, pero por desgracia parte del bicoño es que no siempre hay flujo consciente, entonces dudo que pueda ser siempre. A no ser que todo vaya como yo pretendo: quiero atreverme a escribir también cuando no haya flujo consciente, cuando no haya nada o cuando haya locura pura (entonces sí que nos echaremos unas risas), y también atreverme a publicarlo. A ver qué pasa.

Se me ocurre poco más que decir, así que le voy a pasar el relevo a Quetiapino, que estará por ahí hasta el culo de Quetiapina, como yo. Bendita sea.

Y así estamos todas.


https://i.imgur.com/N2Ip9lw.gifv

miércoles, 30 de diciembre de 2015

No se lo digas a mamá

Curioso por naturaleza y con la fuerza de esta empresa me encuentro con algo que no es mío y yace frío. No muere porque se mueve en sus cabezas como un sueño catatónico que arañaba su entierro de hierro que es la vida que comen o se los come. 

Ya no hay tiempo, maduras, existen otras prioridades me cuentas dando vueltas.

Yo solo soy curioso

J. Papira